Soluciones para el lagrimal inflamado de tu perro

Soluciones para el lagrimal inflamado de tu perro

Los ojos son una de las zonas más delicadas del perro y, cuando aparece un lagrimal inflamado, los cuidadores suelen darse cuenta enseguida porque la zona se nota enrojecida, abultada o más húmeda de lo normal. Aunque a veces el problema es leve y se resuelve solo, en muchos otros casos es la señal de una afección que necesita atención veterinaria. Saber identificar qué le ocurre exactamente al lagrimal, qué causas hay detrás y qué soluciones existen, sin caer en remedios caseros que pueden empeorar la situación, es lo que marca la diferencia entre un ojo que se recupera rápidamente y un cuadro que se complica.

Por qué se inflama el lagrimal del perro y cómo identificarlo

El sistema lagrimal del perro está formado por las glándulas que producen la lágrima, los conductos por los que esta circula y los puntos lagrimales por los que se drena hacia la cavidad nasal. Cuando alguna parte de este sistema se irrita, se infecta o se obstruye, aparece una inflamación que el cuidador suele notar como enrojecimiento en la zona interna del ojo, lagrimeo excesivo, secreción amarillenta o verdosa, párpados pegajosos, manchas marrones en el pelo del entorno del ojo, picor, parpadeo frecuente o, en los casos más visibles, un pequeño bulto rojizo cerca del lagrimal. Identificar correctamente lo que ocurre es el primer paso para elegir la solución adecuada, ya que las causas son variadas y los tratamientos diferentes según el origen del problema. Por eso, antes de aplicar nada por cuenta propia, conviene tener un diagnóstico veterinario claro.

Causas frecuentes del lagrimal inflamado

Una de las causas más habituales del lagrimal inflamado es la conjuntivitis, una inflamación de la conjuntiva que puede ser de origen bacteriano, vírico, alérgico o irritativo. La conjuntivitis suele provocar enrojecimiento, lagrimeo y secreción, y afecta con frecuencia a la zona del lagrimal. Otra causa muy frecuente es la obstrucción de los conductos lagrimales, en la que la lágrima no consigue drenarse correctamente y se acumula, provocando lagrimeo excesivo y, a menudo, manchas marrones en el pelo de la cara, especialmente en razas pequeñas y de pelo claro. Los cuerpos extraños en el ojo, como una pestaña mal posicionada, una semilla, un pelo o una espiga, son una causa relativamente frecuente que produce inflamación intensa y, si no se resuelve a tiempo, puede provocar úlceras corneales graves. Las alergias ambientales y alimentarias también producen inflamación ocular. La presencia de pestañas ectópicas o pelos mal posicionados que rozan el ojo, denominados distiquiasis o triquiasis, es una causa anatómica habitual en algunas razas. Por último, existen patologías específicas del lagrimal como la dacriocistitis, una infección del saco lagrimal que provoca inflamación localizada en la zona del lagrimal con secreción y dolor, y el prolapso de la glándula del tercer párpado, conocido coloquialmente como «ojo de cereza», en el que aparece un bulto rojizo en el ángulo interno del ojo. Cada una de estas situaciones requiere su propia aproximación.

Por qué no es buena idea recurrir a remedios caseros

Es muy tentador, ante un ojo enrojecido o un lagrimal inflamado, recurrir a manzanilla, infusiones, gotas humanas o remedios que se han transmitido entre cuidadores. Esto puede empeorar las cosas. La manzanilla y otras infusiones pueden producir reacciones irritativas o alérgicas, y no contienen los principios activos necesarios para tratar una conjuntivitis bacteriana o un proceso inflamatorio serio. Las gotas humanas, especialmente las que llevan vasoconstrictores o corticoides, pueden enmascarar problemas graves, retrasar el diagnóstico y, en presencia de una úlcera corneal, empeorar mucho la lesión hasta el punto de poner en riesgo el ojo. El suero fisiológico, eso sí, sí puede usarse para una limpieza suave de la zona, retirando legañas y secreciones, pero no es un tratamiento ni resuelve la causa. La regla práctica es clara: ante un lagrimal inflamado, la primera y mejor solución es acudir al veterinario para tener un diagnóstico correcto.

Diagnóstico veterinario: qué se hace en la consulta

En la consulta, el veterinario examina el ojo de forma sistemática. Observa el aspecto general, el grado de inflamación, el tipo de secreción, los puntos lagrimales, los párpados y las pestañas. Suele utilizar pruebas sencillas como la tinción con fluoresceína para descartar úlceras corneales, una prueba que detecta soluciones de continuidad en la superficie del ojo y que es fundamental antes de pautar muchos tratamientos. Puede realizar también el test de Schirmer, que mide la producción de lágrima, importante para descartar el síndrome del ojo seco. Si sospecha una obstrucción del conducto lagrimal, puede realizar pruebas específicas para evaluar el drenaje. En algunos casos puede tomar una muestra de la secreción para análisis. Toda esta evaluación, que es rápida y poco molesta para el perro, permite identificar la causa concreta y aplicar el tratamiento correcto.

Tratamientos veterinarios habituales

Los tratamientos dependen del diagnóstico. En las conjuntivitis bacterianas, el veterinario suele prescribir colirios o pomadas con antibiótico específico para uso ocular, que deben aplicarse durante el tiempo y con la frecuencia indicados, incluso aunque el ojo parezca recuperado antes. En las conjuntivitis alérgicas, el tratamiento incluye colirios antiinflamatorios y, en algunos casos, antihistamínicos sistémicos, junto con el manejo de la causa alérgica subyacente. En las obstrucciones del conducto lagrimal, puede ser necesario un sondaje y lavado de los conductos, un procedimiento que se realiza bajo sedación o anestesia y que permite restablecer el drenaje. La dacriocistitis se trata con antibióticos y lavados específicos del saco lagrimal. El «ojo de cereza» o prolapso de la glándula del tercer párpado suele requerir cirugía para reposicionar la glándula, ya que no debe extirparse para no comprometer la producción de lágrima a largo plazo. Las distiquiasis y triquiasis pueden necesitar electrodepilación o cirugía para eliminar los pelos que rozan el ojo. Los cuerpos extraños deben extraerse en consulta. Las úlceras corneales se tratan con colirios específicos, y en algunos casos requieren cirugía. La adecuación del tratamiento al diagnóstico es clave para una buena evolución.

Cómo aplicar correctamente colirios y pomadas

Si el veterinario ha pautado colirios o pomadas oculares, conviene saber aplicarlos correctamente. La técnica recomendada consiste en sujetar al perro con suavidad, idealmente con la ayuda de otra persona si el animal es nervioso, retirar previamente cualquier legaña o secreción con suero fisiológico y una gasa limpia, sujetar la cabeza con la mano no dominante y, con la otra, separar suavemente los párpados para depositar la gota o aplicar el cordón de pomada sin tocar la superficie del ojo con la boquilla. Tras la aplicación, se deja que el perro parpadee de forma natural para distribuir el producto. Conviene respetar los intervalos entre aplicaciones, no compartir colirios entre animales con problemas distintos, y desechar los envases una vez terminado el tratamiento. Si se han prescrito varios productos, hay que respetar el orden y los tiempos indicados por el veterinario, ya que aplicarlos demasiado seguidos hace que uno arrastre al otro.

Higiene diaria del entorno del ojo

Mientras dura el tratamiento, y como medida de mantenimiento habitual, es muy útil hacer una higiene suave del entorno del ojo. Con una gasa o paño limpio humedecido en suero fisiológico, se limpian las legañas y las secreciones acumuladas en el ángulo interno del ojo y en el pelo cercano. Esta limpieza se hace siempre del centro hacia fuera, con una gasa distinta para cada ojo si hay infección, para evitar trasladar microorganismos de un ojo al otro. En razas con pelo abundante en la cara, mantener recortado el pelo del entorno del ojo, sin acercarse demasiado al globo ocular, ayuda a evitar que los pelos rocen y reduzca la acumulación de secreciones.

Las manchas de lágrima y cómo manejarlas

En razas pequeñas y de pelo claro, como bichón maltés, caniches, shih tzu o coton de tulear, es muy frecuente la aparición de manchas marrones bajo los ojos producidas por un compuesto presente en la lágrima cuando entra en contacto con el pelo. Estas manchas en sí no son una patología, pero suelen indicar un lagrimeo excesivo cuya causa conviene investigar, ya sea una obstrucción de los conductos, una alergia, una distiquiasis o simplemente una conformación anatómica que predispone al lagrimeo. El uso de productos específicos para reducir las manchas es solo cosmético y no resuelve la causa. El enfoque correcto es identificar y tratar el motivo del lagrimeo cuando se pueda, y mantener una higiene cuidadosa del entorno del ojo.

Cuándo es una urgencia

Hay situaciones que requieren atención veterinaria urgente y no admiten demora. La aparición de un ojo muy inflamado, muy enrojecido o con dolor evidente, los párpados muy hinchados, la imposibilidad de abrir el ojo, la presencia de secreción abundante de aspecto purulento, los cambios en el color del ojo, las opacidades repentinas, las hemorragias oculares o cualquier sospecha de cuerpo extraño que no sale espontáneamente con un lavado suave son situaciones de urgencia. Las úlceras corneales son cuadros que pueden empeorar muy rápidamente y deben tratarse cuanto antes para evitar complicaciones serias. Si tu perro se está rascando el ojo de forma continua, conviene ponerle un collar isabelino para evitar que se lo lesione más mientras consigues una cita veterinaria.

Prevención: cómo cuidar los ojos de tu perro

La mejor manera de evitar el lagrimal inflamado es cuidar la salud ocular del perro de forma habitual. Las revisiones veterinarias periódicas, la observación diaria de los ojos para detectar cambios precoces, la limpieza suave con suero fisiológico cuando es necesario, el corte del pelo en las razas que lo precisan, el control de las alergias subyacentes y el cuidado al pasear en zonas con vegetación, donde las espigas son frecuentes, son medidas que reducen mucho el riesgo de problemas oculares.

El lagrimal inflamado del perro puede tener muchas causas, desde conjuntivitis y obstrucciones hasta cuerpos extraños, alergias o patologías específicas como la dacriocistitis o el prolapso de la glándula del tercer párpado. Las soluciones existen y suelen ser eficaces cuando se aplica el tratamiento adecuado a la causa correcta, pero ese diagnóstico solo puede hacerlo el veterinario. Los remedios caseros, las gotas humanas y las infusiones no son la solución y pueden complicar el problema. La actitud correcta es observar bien, hacer una limpieza suave con suero fisiológico, evitar que el perro se rasque y acudir al veterinario para obtener un diagnóstico claro y un tratamiento específico. Con esa combinación de buena observación, atención profesional y constancia en el tratamiento, la mayoría de los problemas del lagrimal del perro se resuelven y, en muchos casos, también se previenen sus recaídas.

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