Cómo tomar la temperatura a un perro

Cómo tomar la temperatura a un perro

Saber tomar correctamente la temperatura a un perro es una de esas habilidades básicas de primeros auxilios y cuidados domésticos que conviene tener bien aprendidas. La temperatura corporal es uno de los indicadores más útiles del estado de salud de un animal, y cuando sospechamos que nuestro perro puede estar enfermo, comprobar si tiene fiebre es uno de los primeros pasos sensatos antes de tomar decisiones sobre si acudir al veterinario, esperar y observar o aplicar alguna medida concreta. El problema es que mucha gente nunca ha tenido que hacerlo, no sabe muy bien cómo proceder, le da un poco de reparo y a veces termina recurriendo a métodos poco fiables como tocar la nariz del perro para ver si está caliente, cuando en realidad existe una forma sencilla, rápida y precisa de comprobar la temperatura usando un termómetro convencional y aplicando una técnica básica que cualquiera puede dominar con un poco de práctica. Una vez sabes cómo hacerlo, te conviertes en un cuidador mucho más completo y autosuficiente, capaz de obtener información valiosa sobre la salud de tu compañero en cualquier momento que sea necesario, lo que puede marcar la diferencia entre actuar a tiempo o demorarse innecesariamente cuando lo que está en juego es el bienestar del animal.

El método correcto, los rangos normales y todo lo que necesitas saber para hacerlo bien

Antes de meterse en el cómo, conviene tener clara una idea fundamental: la temperatura corporal del perro no es la misma que la del ser humano. Mientras que en una persona adulta sana la temperatura normal ronda los treinta y seis y medio o treinta y siete grados, en un perro adulto sano se sitúa entre los treinta y ocho y los treinta y nueve grados, lo que en términos humanos se consideraría fiebre. Esto significa que tocar la oreja, la nariz o cualquier parte del perro para juzgar si tiene fiebre comparándolo con tu propia mano es un método poco fiable, porque su temperatura normal ya es bastante más alta que la nuestra, y muchos perros se sienten cálidos al tacto sin que eso indique nada anormal. La única manera realmente fiable de saber si un perro tiene fiebre es medir su temperatura con un termómetro, y para hacerlo bien hay que aprender la técnica adecuada y conocer los rangos normales para no asustarse ni quedarse tranquilo sin motivo. Vamos a verlo paso a paso, con la idea de que al terminar de leer tengas claro exactamente qué hacer la próxima vez que necesites tomar la temperatura a tu compañero.

El termómetro adecuado

Lo primero es disponer del termómetro adecuado. Los termómetros digitales convencionales que cualquiera tiene en casa para uso humano sirven perfectamente para tomar la temperatura a un perro, ya que la técnica es la rectal y los termómetros digitales modernos miden en pocos segundos y son seguros. Existen también termómetros específicos para mascotas, generalmente más rápidos y con la punta más flexible, lo que puede facilitar el proceso, pero no son imprescindibles. Si vas a usar un termómetro habitual, lo más práctico es designar uno específicamente para esta función y guardarlo aparte del que usa la familia para su propio uso.

Lo que conviene evitar son los termómetros de mercurio antiguos, que ya casi no se usan por motivos de seguridad pero que aún pueden encontrarse en algunos botiquines. Son frágiles, lentos y, en caso de rotura, liberan mercurio que es peligroso. Tampoco son fiables para perros los termómetros frontales o de oído humanos, porque la anatomía del oído canino es distinta y las mediciones que ofrecen no son precisas. Existen termómetros auriculares específicos para mascotas, pero son caros y su precisión depende mucho del modelo y de la técnica.

Antes de empezar, comprueba que el termómetro funciona correctamente, que tiene batería y que está limpio. Conviene tener también a mano un lubricante, idealmente vaselina o gel hidrosoluble, y papel o toallitas para limpiar después.

La técnica rectal: la más fiable

La forma más fiable de tomar la temperatura a un perro es la rectal, y aunque la idea pueda parecer incómoda al principio, es muy sencilla y, hecha con cuidado, no debería resultar molesta para el animal. Necesitas la ayuda de otra persona si tu perro es grande, fuerte o nervioso, mientras que con perros pequeños y tranquilos puedes hacerlo tú solo.

Antes de empezar, prepara todo: termómetro encendido y listo, lubricante aplicado en la punta del termómetro, perro en una posición cómoda. La posición ideal es el perro de pie sobre una superficie segura como el suelo o una mesa, o tumbado de lado, según lo que le resulte más cómodo y tú puedas manejar mejor. Una persona se encarga de sujetar suavemente al perro por la cabeza y el pecho, hablándole con calma y reconfortándole. La otra persona, o tú mismo si vas solo, levanta suavemente la cola del perro, expone la zona anal y, con un movimiento suave y firme, introduce la punta lubricada del termómetro en el recto, unos dos o tres centímetros para perros pequeños y unos cuatro o cinco para perros grandes. Hazlo siempre con cuidado, sin forzar nunca y siguiendo la dirección natural del recto.

Una vez introducido, mantén el termómetro en posición y espera a que termine la medición, lo que en termómetros digitales suele tardar unos segundos hasta que pita o muestra una lectura estable. Es importante que tú mismo sujetes el termómetro mientras dura la medición, sin permitir que el perro se mueva bruscamente ni se siente, lo que podría romper el termómetro o causar una lesión. Si el animal está muy inquieto, tranquilízalo con voz suave y, si es necesario, ofrécele un premio o algo apetitoso para distraerlo.

Cuando suene la alarma del termómetro, retíralo con cuidado, lee la temperatura y anótala si es necesario. Limpia bien el termómetro con alcohol, lávalo con agua y jabón si lo prefieres, sécalo y guárdalo. Ofrece un premio a tu perro como refuerzo positivo y agradécele su colaboración. Toda la operación, si se hace bien, no debería durar más de uno o dos minutos.

Otras alternativas si la rectal no es posible

En algunos casos, la toma rectal puede ser difícil de realizar, ya sea porque el perro es muy nervioso, agresivo, está muy débil o por cualquier otra razón. Existen algunas alternativas, aunque ninguna es tan precisa como la rectal.

Los termómetros auriculares específicos para mascotas pueden ser una opción, aunque su precisión depende del modelo y de la técnica de uso. Hay que situar la sonda correctamente en el canal auditivo del perro, lo cual no siempre es fácil, y la lectura puede ser influida por la cera, la suciedad o pequeñas variaciones de posición. Son útiles para hacer un seguimiento aproximado pero no son tan fiables como la rectal.

Otra alternativa es la toma en la zona inguinal o en la axila, colocando la punta del termómetro en un pliegue de piel y manteniéndolo allí durante un tiempo más prolongado. Esta técnica es muy poco precisa y suele subestimar la temperatura real, por lo que no se recomienda como medición fiable, aunque puede dar una orientación si no hay otra opción.

En cualquier caso, si necesitas una medición fiable y no logras tomar la temperatura rectal a tu perro, lo más sensato es acudir al veterinario, que dispone de medios y experiencia para hacerlo en condiciones controladas.

Los rangos normales de temperatura en perros

Saber la temperatura es solo el primer paso; lo importante es interpretarla correctamente. La temperatura corporal normal en un perro adulto sano se sitúa entre los treinta y ocho y los treinta y nueve grados centígrados, con cierta variabilidad individual. Algunos perros tienen una temperatura basal más cercana al límite inferior y otros más cercana al superior, sin que eso signifique nada anormal.

En cachorros muy pequeños, la temperatura puede ser ligeramente inferior durante las primeras semanas de vida, ya que su sistema de termorregulación aún no está plenamente maduro. Conviene mantenerlos bien arropados y consultar al veterinario si la temperatura es muy baja. En perros mayores, la temperatura suele mantenerse en los rangos normales, aunque algunas condiciones de salud pueden alterarla.

Cuando la temperatura supera los treinta y nueve coma dos o treinta y nueve coma cinco grados se considera que hay fiebre, y conviene consultar al veterinario, especialmente si el perro muestra otros signos de malestar. Una temperatura por encima de los cuarenta grados es una situación que requiere atención veterinaria sin demora. Por encima de los cuarenta y uno o cuarenta y dos grados estamos ante una urgencia veterinaria seria, asociada habitualmente al golpe de calor o a procesos infecciosos graves, que requiere intervención inmediata.

En el otro extremo, una temperatura por debajo de los treinta y siete coma cinco grados se considera hipotermia y también puede ser preocupante, especialmente si se acompaña de otros síntomas. La hipotermia severa, por debajo de los treinta y seis grados, es también una urgencia que requiere atención profesional inmediata.

Cuándo conviene tomar la temperatura a tu perro

No hace falta tomar la temperatura a tu perro de manera rutinaria como medida preventiva si no hay motivos para sospechar problemas. Pero hay situaciones concretas en las que tomar la temperatura es una buena idea: cuando notas que el animal está apático, no come, está más callado de lo habitual o muestra cualquier signo de malestar; cuando ha estado expuesto a calor intenso y temes un golpe de calor; cuando muestra signos respiratorios como tos persistente o dificultad para respirar; cuando se ha lesionado o tiene alguna herida que pueda estar infectándose; cuando le has dado medicación específica y quieres comprobar su respuesta; o cuando tu veterinario te ha pedido que monitorices su temperatura en casa por algún motivo concreto.

En cachorros recién adoptados que aún se están adaptando, en perros con enfermedades crónicas que el veterinario sigue de cerca, en hembras en gestación o en momentos de cierta vulnerabilidad, también puede ser útil hacer un control puntual de temperatura si lo recomienda el profesional.

Acostumbrar a tu perro a la toma de temperatura

Si tienes un perro joven o si vas a adoptar uno nuevo, conviene incluir la toma de temperatura entre los procedimientos a los que vas a acostumbrarlo de manera progresiva y positiva. Tocar la zona perianal con cuidado durante las sesiones de manejo y cariño, mostrar al cachorro el termómetro sin asociarlo a una experiencia negativa, premiar la calma durante las exploraciones, todo eso facilita que cuando llegue el momento de necesitar una toma real, el perro la acepte sin angustia.

Para perros adultos que nunca lo han hecho, conviene introducir la práctica con calma, sin forzar, ofreciendo premios apetitosos durante todo el proceso para asociarlo con algo positivo. Algunas veces hace falta un poco de paciencia y varios intentos, pero la mayoría de los perros acaban tolerando la operación sin problema cuando se les trata con respeto y con la actitud adecuada.

Lo que NO debes hacer

Hay algunas cosas que conviene evitar al tomar la temperatura a un perro. No utilices nunca termómetros frágiles como los antiguos de mercurio. No introduzcas el termómetro con fuerza o en una dirección incorrecta, porque podrías causar lesiones. No dejes solo al perro con un termómetro insertado bajo ningún concepto, porque un movimiento brusco podría romperlo y provocar una lesión seria. No utilices el mismo termómetro que usas para tu familia sin desinfectarlo bien, por motivos higiénicos evidentes. Y, sobre todo, no interpretes los resultados como si los rangos normales fueran los humanos, porque te llevaría a conclusiones erróneas.

Si tienes dudas sobre cómo hacerlo, si tu perro es muy difícil de manejar o si no logras una medición fiable, no insistas hasta el punto de generar estrés o sufrimiento: lo sensato es acudir al veterinario, que podrá hacerlo en condiciones controladas y con seguridad para todos.

Una habilidad sencilla que te hace mejor cuidador

En conclusión, saber tomar correctamente la temperatura a un perro es una de esas habilidades sencillas de aprender que te convierten en un cuidador más completo y autosuficiente. Con un termómetro adecuado, un poco de paciencia, la técnica correcta y el conocimiento de los rangos normales, puedes obtener en cualquier momento una información muy valiosa sobre el estado de salud de tu compañero. Esto te permite tomar decisiones mejor fundamentadas, decidir cuándo conviene acudir al veterinario sin esperar y cuándo puedes observar y esperar, y aportar al profesional información útil cuando llegue el momento de la consulta.

Como cuidador, formas parte del equipo que vela por la salud de tu perro, y cuantas más herramientas básicas tengas, mejor podrás cumplir ese papel. Tomar la temperatura no sustituye nunca la atención veterinaria cuando es necesaria, pero te ayuda a entender mejor lo que está pasando y a actuar con criterio. Acostumbra a tu perro a la operación desde joven con paciencia y refuerzo positivo, mantén el termómetro en un lugar accesible junto con el resto de los productos básicos de cuidado, y atrévete a hacerlo cuando llegue el momento. Verás que con un par de veces que lo practiques, le coges el truco fácilmente y se convierte en una más de las muchas pequeñas atenciones que prodigamos a nuestros compañeros para que estén siempre lo mejor posible. Cuidar bien de un perro es, en el fondo, una suma de pequeños conocimientos prácticos como este que, aplicados con cariño y constancia, se traducen en una vida más sana y más feliz para el animal y en una relación más profunda y satisfactoria entre ambos.

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